Alemania ocupo los países del Báltico después de la Invasión
de la Unión Soviético en 1941 durante la Operación Barbarroja. La política alemana
en el área era también áspera, culminando en el Holocausto en las tierras Bálticas.
Las autoridades de ocupación alemana colaboraron con partes de la población local
en el área que, sobre todo en las primeras etapas de la ocupación, vio a los
alemanes como una posibilidad de evitar la dominación por la URSS y los
comunistas. Cuando se hizo claro que los Nazis no concordarían con el
restablecimiento de la estructura del Estado independiente y ocupación se hizo
cada vez mas brutal, la población local se volvió en contra de los alemanes.
Los Nazis encuadraron todos los
países del Báltico y la mayor parte de Bielorrusia en el Reichskommissariat
Ostland, una colonia en la cual las cuatro nacionalidades predominantes tenían poco
papel en la forma de gobierno. Heinrich Lohse, un político Nazi alemán, fue
Reichskommissar hasta su huida del avance soviético.
Uno de los proyectos Nazis para
la colonización de territorios conquistados en el Este, conocido como
Generalplan Ost, pidió la deportación al por mayor de aproximadamente dos
tercios de la población natal de territorios de los países del Báltico en caso
de una victoria alemana. El tercio restante debía ser o exterminado in situ,
usados como trabajadores esclavos o germanizados en caso de ser suficientemente
arios, mientras cientos de miles de pobladores alemanes debían ser trasladados
en los territorios conquistados.
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